PSICOLOGÍA INFANTIL Y ADOLESCENTE

Al niño no se le puede tratar como si fuera un adulto. Por muy inteligente que sea, por mucho que su lenguaje sea superior a su edad, no hay que caer en el error de creer que nos entiende como si fuera un adolescente. Padres y Psicólogos de Niños debemos hablarles (y tratarles) a su nivel, utilizando un lenguaje que no sólo entiendan con su cabeza sino con sus emociones. Lo cual no es fácil, pues ha de utilizar más imágenes que conceptos, más cercano al lenguaje poético.

Y la siguiente dificultad es que el adulto consiga entender al niño, que precisamente por lo dicho anteriormente, cuanto más pequeño es más dificultades tiene de expresarse con la complejidad intelectual del lenguaje adulto. Sus expresiones recaerán más en sus conductas que en sus palabras. Y no son pocos los terapeutas infantiles que esto no lo tienen claro, o que no tienen la suficiente habilidad personal para comunicarse al nivel del niño. Aplican terapias y lenguaje cognitivo conductual de adolescentes o adultos que provocan sufrimiento e incomprensión en el niño.

Psicología Infantil y Adolescente | Esperanza Psicólogos

Mayoritariamente, además de la conversación con el niño, se suele recurrir a que el niño dibuje y, sobre todo, juegue. No a un juego cualquiera, si no a un juego terapéutico

Recordaremos aquí, de pasada, que el juego es un Derecho Internacional que tiene el niño, y que muchos Estados no respetan en su educación; en el nuestro se empieza a plantear muy en serio ampliar las horas de juego en la escuela y reducir las extraescolares, pues ya se ha comprobado que es vital para el equilibrio psicoemocional del niño, a la par que mejora su rendimiento académico.
Así, en la terapia de juego el niño expresará su mundo emocional, lo bueno y lo malo, lo que le hace feliz y lo que le hace sufrir, todo lo que no puede expresar verbalmente de forma que el adulto le entienda.

Juan Carlos y Esperanza también somos Psicólogos especializados en Niños y Adolescentes. Con los niños, nuestro abordaje es el siguiente: la primera sesión la hacemos a solas con los padres, madres, o progenitor monoparental. Recogemos la situación actual y, si comprobamos que el niño necesita terapia, en un clima de confianza pedimos permiso para indagar sobre aspectos de la relación entre los progenitores y otros familiares. Tenemos que estar todos unidos para el beneficio del tratamiento.

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Del mismo modo, también preguntamos por la relación en la escuela, y estamos dispuestos a contactar con la maestra o tutora. No nos quedamos aislados en nuestra consulta. Y mantenemos un feedback con los padres cada 2 meses.
Una vez acordamos iniciar terapia, además de dirigirnos siempre al niño utilizando esa forma especial de lenguaje que mencionábamos antes, nuestra herramienta estrella es la Terapia de Juego de Arena o Sandplay (poco conocida en España), en donde el niño disfrutará y, sin darse cuenta, irá expresando sus conflictos y sus potencialidades.

Con los adolescentes la primera sesión puede ser a solas con los progenitores, o bien acompañados por el o la muchacha; si ésta no acude en la primera visita, sí vendrá con los padres en la segunda, y después la terapia será a solas (igual que en el caso del niño). Nos tenemos que ganar la confianza del adolescente, puesto que no se puede hacer terapia en contra de su voluntad. Y aquí combinaremos las sesiones verbales con sesiones de Sandplay.

No son pocas las situaciones en las que el adolescente, bien consciente de que está pasándolo muy mal, no sólo no lo reconoce, sino que, hablando tranquilamente de otras cosas, se niega a hablar de ese tema en concreto no por rebeldía (otro error de encerrar a la gente en tópicos), sino por miedo a que el hablar de ello pueda incrementar su dolor. Es por esto que el realizar sesiones con Juego de Arena permite que se pueda expresar en imágenes tridimensionales el problema sin apenas ser consciente de ello, con lo que al cabo de un tiempo su sufrimiento disminuirá y podrá hablar de ello.

Colegas Sudafricanos hace un tiempo pudieron realizar un estudio con niños y adolescentes que sufrieron violencia y abusos, absolutamente incapaces de abordar el sufrimiento, que fueron tratados con Juego de Arena; a las 13 – 15 sesiones fueron capaces de hablar conscientemente de ello, de una forma contenida y nada traumática.

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