Categoría: Psicologos

Terapia de pareja: tener razón

Es muy típico que los dos miembros de la pareja expongan su forma de pensar, la mayoría de veces esperando que sea el otro el que cambie. Cuando hacemos que vuelvan la mirada hacia sí mismos, no suelen ver que van errados, que el que espera que el otro cambie en tal cosa, también debe cambiar él en otra. Argumentan que se comportan de tal o cual manera debido a la experiencia vivida con su pareja.

Por ejemplo, uno de ellos va a ayudar a un amigo en apuros, y el otro le comenta que tiene miedo a que se desviva en exceso por el amigo, reduciendo así el tiempo de vida en pareja / familia, y además al llegar a casa descargue mediante acciones bruscas el malestar y cansancio derivados de vivir muy de cerca el problema del amigo. Se lo dice con delicadeza, pero su pareja se enfada; él responde que es lo que habitualmente ha sucedido antes, y su pareja le acusa que se está anticipando a los acontecimientos y ya está sentenciando. ¡Pero es lo que siempre haces!, responde a su vez.

Cuando hablamos directamente con la persona de este tema, en la sesión de pareja, de forma contenida y en calma, argumenta con datos concretos y fiables, que cada vez que su pareja ha tenido que intervenir en alguna situación conflictiva de su familia, es lo que ha sucedido: muy poco tiempo en casa, cosa que le parece normal, pero además descargaba la tensión enfadándose y respondiendo muy bruscamente a cualquier cosa. Por lo cual, sostiene que no es cierto lo que le acusó su pareja el otro día, no es cierto que se adelante a la situación y sentencie, ¡es que es lo que siempre ha pasado!.

Su argumento va indicado a demostrar que tiene razón, y negar el motivo del enfado de su pareja. Sólo ve su perspectiva y no la de la mujer, con lo cual no tiene una visión más completa.  Si dejara de argumentarse en la razón, podría darse cuenta de lo siguiente:

* está equiparando la intervención de su pareja con su familia (en la que está implicada y hay conflicto) con la intervención en un amigo (con el que no tiene conflicto)

* obviamente sí se adelanta a la situación, realiza un futurible que además es negativo.

* si se alejara de la experiencia vivida en el pasado, su visión dejaría de estar centrada en sí mismo con lo que su perspectiva se ampliaría.

Es decir, en vez de movilizarse queriendo evitar pasarlo mal (se centra en el pasado y en sus emociones), se movilizaría ofreciendo apoyo a su pareja cuando llegue a casa cansada cada vez que venga de estar con ese amigo que lo está pasando fatal (o sea, se centra en su pareja). La pareja se sentiría comprendida y apoyada, lo que generará mejor relación entre ambos.

Sólo debemos recurrir a la Razón cuando sirva para despejar el camino y hallanar dificultades; de lo contrario,  la Razón es una gran roca que obstaculiza el camino y no deja ver nada.

Juan Carlos Albaladejo

Psicólogo Psicoterapeuta

Analista Junguiano

Esperanza Psicólogos en Barcelona

Flecha Camino Santiago

Camino de Santiago y Terapia Junguiana

El Camino de Santiago es un viaje exterior cuyo propósito es un viaje hacia Uno Mismo (viaje iniciático). Pero no sirve para nada si tu mente está dispersa o tienes rasgos obsesivos de consideración, pues ello te apartará del camino aunque físicamente estés en él. Es imprescindible trabajarlo en terapia primero, sobre todo en la terapia o análisis junguiano, pues su objetivo es también realizar un viaje interior. Voy a ilustrarlo con esta experiencia:

Era un hombre amante de viajar a tierras lejanas, de recorrer senderos no frecuentados por los turistas. Acudió a Esperanza Psicólogos en busca de orientación después de diversos fracasos amorosos, tenía problemas en la relación con las mujeres. En seguida descubrí miedos, rasgos defensivos de control y represión, y rasgos obsesivos, pero, como suele suceder al inicio de un proceso terapéutico, él no acababa de verlo con claridad (sobre todo porque esos síntomas no eran graves).

A los pocos meses se planteó la posibilidad de adelantar sus vacaciones y realizar el Camino de Santiago. Me dijo que ya lo había hecho ¡6 veces!, y que esta vez quería recorrerlo por una nueva ruta. Le pregunté qué había descubierto de sí mismo, y me miró perplejo… “nada”. ‘¿Nada?’, le respondí. ‘Se supone que el Camino de Santiago es un viaje iniciático, no se trata de que acabes levitando, sino de que, por lo menos, descubras algo de ti mismo de lo que no eras consciente hasta entonces’. Pues no. Sólo fue consciente de lo bonita que es la Naturaleza. Y, tras hablar de ello, se dio cuenta que en ninguno de los 6 viajes tenía la mente abierta hacia sí mismo.

Le comenté si estaría de acuerdo en no adelantar sus vacaciones (sería esperar un par de meses más), para así hacer el Camino con más tiempo de proceso terapéutico ‘a sus espaldas’, puesto que yo creía que así estaría mejor preparado para aprovechar los beneficios del Camino. Estuvo de acuerdo, no necesitaba apresurar las cosas.

Llegó el momento, partió, esta vez por el Camino Portugués desde Lisboa, y estuvo más tiempo de lo que él creía. Cuando reemprendió la terapia, compartió conmigo su experiencia, que esta vez fue muy buena. Lo primero que me dijo fue “he sido consciente de mis bloqueos, mis obsesiones, cómo se me va la mente y hace que me pierda… ¡ahora entiendo lo que me decías! Es el séptimo Camino, y es la primera vez que he asumido mis miedos, mis soledades, mis obsesiones…” “Me obsesioné, antes de ir, en reservar los albergues, para estar seguro de que tendría sitio… y no era necesario… ¡si el segundo día dormí a la intemperie, porque quise!. Y todo sin problemas”

Gracias al trabajo previo que hicimos con sus sueños, y con su vida cotidiana, intentando que se viera “desde fuera” y ampliara la comprensión de sí mismo, por primera vez pudo aprovechar el viaje exterior y convertirlo en un viaje interior (que es de lo que nos ocupamos en la terapia junguiana). Llegó a decir cosas que parecen extraídas de los libros y de las teorías, pero eran mucho más valiosas puesto que las había VIVIDO en sí mismo. “Hay momentos en que no vale la pena dar vueltas, los problemas se resuelven solos”

Y me explicó cómo aplicó lo que muchas veces le dije, pero no acababa de comprender: dejarse ir, soltar…

Uno de los ejemplos fue, primero, que  a una persona le regaló un objeto con el que estaba muy encariñado: la flecha amarilla que indica la dirección del camino, una flecha hecha con papel maché que no la ha visto en ningún otro lugar fuera de donde la compró. Y ya entonces pensó en que a la vuelta me lo tenía que explicar, puesto que ese acto de desprenderse (soltar…) era nuevo para él.

Días después quería ir a visitar un lugar, pero ello le implicaba separarse de la compañía que llevaba y de la ruta… o iba a ese lugar, o iba al albergue, ambas cosas no podían ser…  respiró, y empezó a llover. Eso, por primera vez, lo vio como una respuesta, renunció a su rigidez y fue al albergue. Una vez allí, después de participar en el pequeño grupo que eran, vio que entonces se daban las circunstancias adecuadas para ir a ese lugar, y partió. Sin prisas. Sin obsesión en llegar. En el camino se topó con una anciana aldeana y, para su sorpresa, inició una conversación con ella que le llevó un buen rato, y de la que extrajo una enseñanza de vida. Después llegó al lugar, el Monasterio de Herbón, un monasterio hospitalario cercano al pueblo de Padrón pero alejado del camino habitual; no sabía si habría sitio para él, pero por primera vez ni sentía temor ni le importaba. Le recibieron cariñosamente, y había sitio para hospedarse.

Pero eso no fue todo; para finalizar esa experiencia, la mañana del  día siguiente tuvo la mayor alegría. En el desayuno en el monasterio, como sorpresa para los pocos que allí había, les regalaron… la flecha amarilla del peregrino, hecha con papel maché… “¡Lo que di con generosidad me volvió!” Acababa de entender, mejor dicho, vivir, lo que es dejarse ir y fluir con la vida. El análisis junguiano y el Camino de Santiago se habían conectado.

Y, ¡qué curioso!… ¿sabéis que la finca de Carl Gustav Jung, a orillas del Lago de Zürich, está bien cerca del Camino de Santiago (Jakobsweg) Suizo?

 

Juan Carlos Albaladejo

Psicólogo Psicoterapeuta

Analista Junguiano

Esperanza Psicólogos en Barcelona

Entrevista a Juan Carlos Albaladejo en televisión ETV

Entrevistado por Jordi Planes, en el programa de ETV “Des de els ulls d’un coach”, sobre Carl Gustav Jung, Psicología Analítica Junguiana, Sueños, Sandplay…

Clicad en el enlace para verlo.

NOTA: sólo dura 20 minutos. El resto del vídeo corresponde al siguiente contenido del programa.

http://etv.xiptv.cat/des-dels-ulls-dun-coach/capitol/juan-carlos-albadalejo#.U0ExU0fJB0U.facebookEntrevista ETV

Entrevista al psicólogo Juan Carlos Albaladejo en La Vanguardia: Perder para Ganar

Perder para ganarComo sabéis, en Esperanza Psicólogos en Barcelona atendemos a adultos, parejas, y niños; hemos observado que uno de los aspectos que más prevalece y afecta al individuo es la frustración, la impaciencia y el sentimiento de pérdida, lo cual muchas veces impide ver que perder hoy es la victoria de mañana. El problema añadido es que esto mismo lo transmitimos a nuestros hijos.

Este artículo, del año 2007, contiene reflexiones y recomendaciones acerca del perder y del ganar que siempre es bueno tener presentes, por lo que hemos decidido “rescatarlo” para nuestro blog.

Diario: La Vanguardia Fecha: 29/10/2007
Artículo de: Jordi Jarque.

Los mayores éxitos vienen de la capacidad para aprender de los errores. Pero a menudo los padres lo olvidan cuando se trata de sus propios hijos, y les evitan situaciones desagradables, por otra parte fundamentales, para superar los futuros vaivenes de la vida.

Hay que aprender a perder para poder ganar. Pero no es tan fácil mantener esta afirmación cuando quienes pierden son los hijos. “El problema es que no permitimos que los hijos fracasen, que pierdan, los hemos blindado emocionalmente”, asegura Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, y padre de dos hijos de 22 y 25 años. “Es uno de los grandes dogmas de nuestros tiempos –dice–, así que si un padre o una madre permiten que su hijo, por ejemplo, se frustre y no consiga algo que desea (es el equivalente a perder), en seguida corre la sombra de la culpabilidad y tienen que justificar sus decisiones sobre sus hijos ante los demás o ante sí mismos”.

Es difícil aceptar que no está mal perder, siendo como es un trampolín necesario para superar futuras dificultades. Hay que estar muy seguro de sí mismo. “La raíz está en la propia debilidad emocional de los padres que no se ven capaces de resistir el conflicto de mantener un criterio distinto –añade Salvador Cardús, sociólogo–. Actualmente en nuestra sociedad no hay modelos claros. Y los que despuntan sólo contemplan el éxito inmediato”. En Estados Unidos los sociólogos están dando las primeras señales de alarma, comenta Cardús. “La era de la globalización permite que circulen mensajes totalmente contradictorios y eso confunde a los padres que están demasiado pendientes de lo que dicen los expertos”.

Encarna Salvador, secretaria general de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnos (Ceapa), asegura que “el error común de los padres es creer que los hijos son una proyección de nosotros mismos, así que en seguida nos decimos: que no le pase a mi hijo lo que me ha pasado a mí, que no sufra las privaciones que yo he vivido en mi infancia. Y esto es fatal, no dejamos que nuestros hijos cometan ningún error, no les damos la oportunidad de que aprendan de los errores. Sólo queremos hijos perfectos”. Y los hijos perfectos no existen.

Son como son. Son proyectos de seres humanos que tienen que aprender de sus propias limitaciones. Su campo de batalla es la vida, y como tal es un devenir constante: se gana, se pierde, se gana, se pierde. “No se me malinterprete cuando digo que es necesaria la disciplina para afrontar todo lo que disgusta y salir reforzado. La vida es disciplina: el despertador que suena, levantarse, ducharse, trabajar. Son hábitos y rutinas que los hijos tienen que incorporar”. Se nos ha metido en la cabeza el glamour y la vida fácil, donde todos los caprichos son satisfechos. ¿Dónde está aquí la cultura del esfuerzo, esa que nos permite caer y volver a levantar? “No solamente pasa en España, conozco familias que viven en Francia y Suiza y aseguran lo mismo”, añade.

Pero no en todos los países es igual. Gregorio Luri asegura que el modelo inglés ha preservado el valor de la disciplina, igual que en algunas escuelas francesas de elite, de donde salen los futuros gobernantes de empresas y países. Y no es cuestión de presupuestos. En Finlandia los profesores están mal pagados, pero se les respeta, hay un gran sentido del esfuerzo y la disciplina. “Pasa sobre todo en las sociedades protestantes europeas –comenta– donde la educación no es un derecho, sino un deber. Considerar la educación como un derecho es una perversión porque la convierte en un objeto de consumo que se usa según plazca. Y no. Es un deber”. El catedrático de Ciencias de la Educación en la Universidad de Granada y doctor en Teología Enrique Gervilla comenta que los términos tales como esfuerzo, autoridad, disciplina, voluntad, obligación… en España han sido relegados por su vinculación a valores propios del nacionalcatolicismo, y en su lugar han tomado fuerza el interés, la libertad, la motivación… “En el fondo, la pedagogía del interés ganó la batalla a la pedagogía del esfuerzo”, dice Gervilla. Y el deseo de pasarlo bien sin hacer nada se ha ido instalando en la sociedad. La expresión “la cultura del pelotazo”, acuñada hace unos pocos años, sintetiza esa admiración por “conseguirlo todo en el mínimo tiempo y con el mínimo esfuerzo”, comenta Gervilla.

Aunque esa oposición entre ambas concepciones se va diluyendo como constata Elena Martín, profesora de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. Durante bastantes años ha prevalecido el modelo autoritario caracterizado por “control, sí; afecto, no”. De ahí se ha pasado al modelo permisivo “nada de control; afecto, sí”. Y ahora se está intentando conquistar “lo que nosotros llamamos modelo democrático: afecto, sí; pero control también”. Este control implica límites, respeto, normas de convivencia donde hay que aprender a ceder. Esta formación del carácter dará la fortaleza de ánimo necesaria para sacar partido a las primeras derrotas, a los primeros suspensos del colegio y de la vida. Pero “cuando hablas con padres y madres nadie ve que sus hijos tengan problemas para gestionar la derrota –asegura Xavier Guix, psicólogo clínico especialista en programación neurolingüística– y, en cambio, todo el mundo habla de que los niños ahora están sobreprotegidos”. ¿Qué actitudes permiten identificar si un hijo está preparado para superar con éxito las frustraciones? Xavier Guix da unas indicaciones básicas para darse cuenta de cuál es la situación del niño. Primero hay que preguntarse si el hijo es capaz o no de esperar una gratificación. Por ejemplo, se le ofrece por la mañana aquel caramelo que más le gusta diciéndole que en lugar de uno puede tener dos si espera hasta la tarde. En segundo lugar hay que observar si toma iniciativas o prefiere pasar horas frente al televisor o la videoconsola. Y, por último, ver si se enfrenta a las situaciones o por el contrario tiene una actitud evitativa en relación con lo que no le gusta. Esta actitud evitativa alimenta las ansiedades, los miedos y las fobias. “Con estas indicaciones –dice Xavier Guix– es posible darse cuenta de qué sendero está tomando nuestro hijo, nos guste o no”.

El problema es que padres y madres tienen que cambiar el chip, incluso de sí mismos, asegura Juan Carlos Albaladejo, psicólogo y psicoanalista experto en sandplay ( juego de arena). Para empezar “es una barbaridad no permitir que un niño se equivoque”. “Parece –sigue diciendo– que se haya olvidado que la humanidad avanza gracias al ensayo-error, y se interpreta que fracasar es una experiencia horrorosa”. Y no es tan malo, todo lo contrario, “gracias a que nos equivocamos y perdemos, aprendemos a resolver los problemas que en un futuro puedan presentarse. Imaginemos un niño que crece sin perder nunca, todo lo acierta a la primera. Horror. Cuando tenga el primer problema esta persona se quedará paralizada”. A nadie le  gusta perder, pero es necesario adquirir estrategias para hacer frente a cualquier situación. “Los primeros que temen enfrentarse a una situación difícil son los propios padres. Por   ejemplo, contemplé la siguiente escena: una madre y su hija están en un parque infantil donde hay columpios. La niña se golpea sin querer con un niño, y la madre coge a su hija y se la lleva de aquel lugar diciéndole que ya no volverán ahí. Fatal. Era una oportunidad para que la madre enseñara a su hija qué hacer para evitar golpearse (establecer estrategias) y relativizar el daño sufrido. Se huye de la escena en lugar de afrontarla”. Es una verdad incómoda “pero los padres son los primeros en tener que cambiar. Tratamos a los niños como un reflejo de nosotros, así que les proyectamos nuestros deseos y miedos. La primera pregunta es cómo tratar a nuestro niño interior. Todos tenemos un niño y niña interior, es nuestra parte infantil. Si no queremos reconocerlo, lo saboteamos. ¿Cómo? O exigiéndonos tareas imposibles o sobreprotegiéndonos para evitar que nuestro niño interior se queje y lo descubramos. Y eso lo plasmamos externamente en nuestros hijos. De alguna manera nuestros hijos no existen como individuos que cometen errores. No queremos problemas. No queremos que se equivoquen. Los queremos perfectos, de anuncio. Y eso es un grave error. Dejemos que nuestros niños se equivoquen, se frustren, lloren y aprendan”. Es el futuro.

La bombilla

1879. La idea de la bombilla fue del químico británico sir Joseph Wilson Swan, pero tras la frustración en su intento para que funcionara, abandonó. No consiguió que el filamento de la bombilla no se quemara. Thomas A. Edison retomó entonces la idea, y a pesar de los continuos fracasos, persistió. Realizó más de mil intentos. Un ayudante suyo le preguntó si no se desanimaba ante resultados tan negativos. Y respondió: “¿Negativos?, ahora ya sé mil maneras de no hacer una bombilla”. En 1879 hizo la primera demostración pública de la bombilla incandescente

Las “post-it”

1980. La nota autoadhesiva amarilla fue también fruto de fracasos. Todo empezó en 1974 cuando Spencer Silver, que trabajaba en 3M, probaba mezclas para conseguir una cola muy resistente. Fracasó porque se adhería muy poco, pero como el material era muy caro lo guardaron. Tiempo después, otro investigador de 3M, que cantaba en un coro, buscaba la manera de que los papelitos que metía entre las partituras no se le cayeran, y se acordó del pegamento de su colega. Pensó que como no enganchaba demasiado no estropearía las partituras. Así nacieron las “post-it”

PEQUEÑOS RETOS FÍSICOS

El cuerpo físico también necesita ensayar y equivocarse para aprender y desarrollarse. Según la edad del niño tendrá que hacer frente a unos retos u otros. Una vez más, si se le evita este tipo de aprendizaje por una mal entendida protección del niño se hará un flaco favor en su desarrollo. He aquí unas pautas muy generales:

Entre 0 y 3 años Estimulación del equilibrio. Gatear, levantarse y caer

Entre 3 y 6 años Pequeños paseos (a los 6 años se recomienda paseos de una hora). Saltar, trepar y columpiarlo. Triciclo y bicicleta

Entre 6 y 11 años Juegos de puntería y artes marciales. También puede iniciarse en juegos de equipo

Entrevista al psicólogo Juan Carlos Albaladejo en La Vanguardia: Cautivos del Autoengaño

Diario: La Vanguardia  Fecha: 2/2/2013  Artículo de: Jordi Jarque.

Estamos seguros de que conseguiremos cambiar lo que no nos gusta de nosotros. También estamos seguros de que deseamos lo que decimos desear. Pero los expertos son tajantes y aseguran que en muchas ocasiones esto es fruto del autoengaño

 Ha pasado prácticamente un mes desde el nuevo Año y algunos todavía no han empezado a cumplir con los nuevos propósitos para el 2013 que hicieron saber a bombo y platillo entre los más allegados: que si ordenar papeles y consolidar el inglés, que si empezar a escribir el libro pendiente y jugar menos horas en el ordenador, que si hacer un poco de ejercicio y no estar tumbados tanto tiempo en el sofá, que si ayudar a los vecinos del barrio o telefonear al menos una vez a la semana a los familiares más cercanos… En fin, cualquier cosa que se proponga y no hay manera de concretar en hechos. Y además se autojustifican dando mil explicaciones al incumplimiento de ese propósito tan defendido unas semanas antes.

“En muchos aspectos vivimos en el autoengaño”, asegura Juan Carlos Albaladejo, psicólogo y psicoanalista. Uno de los problemas reside en cómo darse cuenta, aunque la biología del ser humano no lo pone fácil. Prácticamente se está condenado al autoengaño y el reto supone un esfuerzo de consciencia que no todo el mundo está dispuesto a asumir. ¿Cuántas veces no se ha oído a quien aseguraba que controlaba la bebida y podía conducir a pesar de que sus reflejos habían disminuido? “El alcohol no me afecta porque yo controlo o yo puedo con el tabaco y lo dejo cuando quiera. O mañana me pongo a dieta para bajar el colesterol o me acabo de apuntar al gimnasio porque la semana que viene empiezo a hacer deporte, y esa mañana o semana siguiente parece que nunca llega”, explica Juan Carlos Albaladejo.

Regina Bayo-Borrás, psicóloga clínica y psicoterapeuta, comenta que algunos de los autoengaños más habituales tienen que ver con estas conversaciones entre amigos y compañeros en las que se comparten esos buenos propósitos antes mencionados, pero “encontramos mil objeciones para no llevarlos a término. Son retos que implica mucho más que una buena intención. No dejan de ser autoengaños que sirven para ir tirando hasta que sucede algo que nos hace cambiar”. Esta experta pone el ejemplo de la circunstancia de quien tiene que estudiar para sacarse una plaza en la universidad o cualquier tipo de oposiciones. “Si finalmente no empiezas a estudiar de forma metódica te encontrarás con un resultado negativo. El compartir con los demás este anhelo es una manera de convencerse a sí mismo. Gracias al hecho de explicarlo crees que lo vas a cumplir mejor. Es de cara hacia fuera para que los demás te respalden apoyen o animen. Hay más ilusión”.

Este tipo de ilusión intenta neutralizar el efecto de los miedos, “pero el sistema límbico, el cerebro reptil, esa parte más arcaica de nuestro cerebro que gobierna las emociones, esas inseguridades y temores, nos lo pone difícil, bastante difícil”, asegura Juan Carlos Albaladejo, porque los miedos tienen vida propia. Hay una parte de nuestro psiquismo que es inconsciente y funciona de manera autónoma, al margen de uno mismo. Ahí están los complejos y los miedos que filtran y traducen lo que ocurre alrededor, más allá de uno mismo. “En el inconsciente reside una parte importante del mundo emocional, y no sólo el que reprimimos. Y este mundo emocional donde se gesta el autoengaño es tan real como una pierna rota, aunque el alma o el corazón roto no se vea. Para verlo hay que contemplarlo desde otra perspectiva”.

Este psicoanalista lo ilustra con el ejemplo de una caricia y las sensaciones corporales. Explica que los sentidos forman parte del sistema nervioso central. “En cuestión de milisegundos una caricia recorre la médula espinal y el córtex. Acariciar es un acto que puede considerarse voluntario. En cambio los reflejos no son voluntarios. Cuando te golpean con un martillo en una parte de la rodilla, la pierna se mueve involuntariamente. El impulso va a la columna vertebral y vuelve a la rodilla sin pasar por el cerebro. Por eso se llaman reflejos autónomos. Pues bien, en la Psicología Analítica nosotros decimos que los complejos son autónomos, tienen vida propia. Que tengan vida propia no significa que no se pueda realizar un trabajo de introspección para ir desvelando estos mecanismos”.

El mundo emocional pasa por el inconsciente. Tanto es así que las empresas de publicidad utilizan los mecanismos que residen en la parte del cerebro reptiliano del ser humano para intentar influenciarnos. “Es lo que ahora se denomina el neuromarketing”, explica Juan Carlos Albaladejo. Estímulos sensoriales concretos, que van directamente a nuestra parte reptiliana del cerebro, para que nos generen una emoción dirigida a la adquisición de algún producto. “Se intenta bloquear la parte racional, de forma que la persona instintivamente se vea abocada a consumir el objeto que se quiere vender”, comenta este experto. Es un autoengaño provocado porque la persona puede llegar a autoconvencerse de la necesidad de adquirir determinado producto. Siendo así, parece que estamos abocados a depender de los mecanismos del inconsciente, como si el autoengaño formara parte del existir del ser humano.

Por si fuera poco, la objetividad también está en entredicho y los expertos afirman que también forma parte del paquete de los autoengaños. “Parece evidente que esto no tiene solución, que no alcanzaremos nunca la objetividad a través de nuestra mente”, afirma Ricardo Gómez, coach, experto en inteligencia emocional y formador en el Instituto de Formación Avanzada. De alguna manera se está inmerso en el autoengaño. “Vivimos en la farsa de que somos objetivos con el mundo y con nosotros mismos. Eso no es posible, porque nuestra mente está teñida por nuestra experiencia vital particular y, por lo tanto, filtra e interpreta todo a través de esas gafas únicas. Así, no somos objetivos ni con lo que observamos en el mundo ni con nosotros”. Este experto recuerda que constantemente se está interpretando lo que acontece, así como las reacciones y decisiones de uno mismo. “Cuando prestamos atención a lo que otra persona nos está diciendo, lo que hacemos es asociar imágenes mentales a las palabras que escuchamos, y esas imágenes salen de nuestro interior, de las experiencias pasadas, que siempre vivimos filtrando la realidad. Vemos una película dos veces y encada una de ellas apreciamos algo diferente; leemos varias veces un libro y en cada una logramos una interpretación particular. Siempre así”.

Ante esta situación que el lector no caiga en la desesperanza. Hay autoengaños, sí, y surgen de forma natural o provocado por otros, pero hay maneras de darse cuenta, si no totalmente, al menos lo suficiente como para empezar a desvelarlos. No faltan estrategias. Por ejemplo, Rafael Santandreu, psicólogo y autor, entre otros libros de El arte de no amargarse la vida, propone hacer una lista de los autoengaños más habituales. Los denomina creencias irracionales (véase las notas adhesivas salpicadas en las páginas de este reportaje), para posteriormente intentar desactivarlas, no sucumbir a ellas. “Son ideas equivocadas que en definitiva producen malestar”. Este experto señala que se trata de autoengaños que no concuerdan con la realidad. “En la historia existen numerosos ejemplos de ideas equivocadas que reinaron en la cultura popular durante décadas, para luego demostrarse el error”.

También para desactivarlos, Ricardo Gómez propone adelantarse al mecanismo de la interpretación de la realidad que rodea al ser humano para intentar elegir premeditadamente cómo mirar e interpretar. “Es posible que así tengamos una mayor claridad. Sin duda logramos mayor libertad, nos volvemos un poco más dueños de nosotros mismos y, como consecuencia, más eficaces en nuestra relación con el entorno”, como si se hiciera un cortocircuito al autoengaño.

Claudia Bruna, coach y experta en programación neurolingüística (PNL), añade que si bien el autoengaño es una falta de aceptación de la realidad, también hay que preguntarse en qué consiste la realidad, porque cada uno tiene un filtro, y este filtro se puede cambiar en alguna medida. “La realidad es interpretable. A través de los canales receptivos (visual, auditivo y sentido del movimiento) cada uno hace una interpretación de lo que es la realidad. Cada mapa interno es diferente, y por lo tanto, las realidades también”. Su propuesta es que las personas contemplen la realidad desde la perspectiva que más les ayude a crecer. “Es muy difícil crecer desde las creencias que te limitan. Lo importante es creer que pueden, ya que como dice Henry Ford ‘tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, tienes razón’. No quiero con todo eso eliminar lo negativo sino dirigir nuestros pensamientos y creencias para que jueguen a nuestro favor y de nuestros hijos”.

En definitiva, para evitar vivir prisioneros del autoengaño, Ricardo Gómez propone dudar de lo que se ve, buscar diferentes interpretaciones a las que han surgido en un primer impulso. Algunos filósofos ya contemplaban la duda como elemento imprescindible para desvelar lo que no se sabe o no se ve. Pero el autoengaño parece que siempre está ahí. No es fácil.

Entrevista a la psicóloga Esperanza Pérez en La Vanguardia: Secretos en Pareja

Diario: La Vanguardia  Fecha: 24/6/2011  Artículo de: Jordi Jarque.

En el contrato no escrito de una relación sentimental estable se aconseja alimentar la comunicación y la sinceridad. Pero ¿realmente se cuenta todo? ¿Es necesario?

La Luna no revela la parte oculta, al menos si se mira desde la Tierra. Forma parte de su misterio. Y parece que en una relación de pareja tampoco se desvela todo. También hay partes ocultas. Pero no está tan claro si eso fomenta un saludable misterio en la consolidación de la pareja, o fomenta la desconfianza y la incomunicación. ¿Hay que contarlo todo a la persona que de manera estable forma parte de nuestra vida? ¿Es necesario decirle todo lo que se piensa de ella o compartir todo lo que sucede en el interior de cada uno? Hay respuestas para todos los gustos.

Preguntadas al azar a diez personas, tanto hombres como mujeres, de entre 20 y 70 años, ocho de ellas afirman que nunca hay que contarlo todo, que eso sólo fomentaría discusiones que no llevarían a ningún lugar, o que les gusta sentir que conservan parte de su intimidad, algo así como un espacio inviolable. Las otras dos personas, dos mujeres de 34 años y de 40 años, respectivamente, no conciben una relación de pareja sin poder contarlo todo y que les cuenten todo. “No tengo nada que esconder ni tiempo para esconder nada. Tengo absoluta confianza en mi pareja, así que se lo explico todo. Y no concibo que mi pareja no me contara todo. Para mí sería una señal de desconfianza. Si no quisiera compartirlo todo es que no me quiere realmente”. Uno de los chicos entrevistados, de 20 años, aporta la siguiente reflexión: “¿Si tú mismo no sabes todo de ti, cómo vas a explicarlo todo?”. Después añade que, en cualquier caso, la confianza no aparece el primer día como un milagro. Es un proceso, “y en la medida que vas ganando confianza, te vas abriendo más y compartiendo más intimidades”. Y otra mujer, de 47 años, asegura que prefiere jugar a ser un poco misteriosa con su marido, sorprenderle, que tenga cosas por descubrir. “Si lo sabe todo de ti ya no tendré nada nuevo que ofrecerle y se cansará. No tendrá ningún aliciente. Y no se trata de confianza o desconfianza. Si hubiera desconfianza no podría planteármelo de esta manera”. Las personas mayores que rozan los 70 años son más contundentes en sus respuestas, tanto hombres como mujeres, y afirman que nunca hay que decirlo todo. “Las verdades, sólo las justas y para que sean constructivas. Si no, mejor no decir nada o, en todo caso, mentirijillas piadosas. También forma parte de la complicidad decirle a tu esposa de 68 años que es la mujer más bonita. Ella se anima más y se pone un poco más coqueta y de buen humor. Me gusta hacerla feliz de esta manera”. “Si veo que mi marido la ha fastidiado en algo prefiero no decirle nada y que se dé cuenta él mismo, sino él se siente cuestionado y que ya no puede con todo. Con 70 años mejor reforzarle que hundirle más. Así se siente más seguro y está menos nervioso. Mejor vivir tranquilos. Además, así me mima más, es más atento y se muestra más cariñoso. Mejor no contarle todo lo que veo. Ya me lo decía mi abuela y tiene razón”.

¿Y qué aconsejan los expertos? ¿Hay que contarlo todo? El abanico de respuestas es amplio y aportan sus matices. Ciara Molina, psicóloga especialista en la gestión de emociones, basa su trabajo en el área de la inteligencia y la educación emocional. Parte de su profesión la ejerce on line a través de la red social Facebook (Psicóloga Emocional) y su página web psicologaemocional.com, y tiene muy claro, según su opinión, que no tiene por qué contarse todo a la pareja. “Si bien es verdad que la base emocional de una pareja radica en el amor, la comunicación y el respeto, esto no implica que perdamos nuestro individualismo e identidad dentro de la misma al tener que compartirlo todo con ella”. Esperanza Pérez, psicoanalista, experta en terapia sexual y de pareja del centro terapéutico Esperanza Psicólogos, en Barcelona, añade que todos necesitan “una cierta intimidad, un espacio psíquico íntimo. De todas maneras todo esto es algo que debería hablarse de antemano para no levantar suspicacias en la pareja. Hay que aclararlo desde el principio. Pero es complicadísimo. Es fácil decir que tiene que hablarse todo, pero pocas veces sucede. No es verdad. Así que mejor aprender a gestionar la relación respetando esa intimidad personal. Pero no es fácil. Despierta miedos”. Por eso no es tan fácil asimilar los silencios en la convivencia. Ciara Molina explica que si se entiende el silencio “como el respeto a la individualidad de nuestra pareja, el que sea fácil o no dependerá de cómo nosotros concibamos que debe ser una relación sentimental. Si para nosotros una relación se basa en la comunicación continua entre ambos miembros, nos resultará difícil entender dicho silencio. En cambio, si entendemos que necesitamos de un espacio personal dentro de la relación, daremos por bien entendido el silencio en tanto en cuanto sabemos que es necesario para el otro”.

Janai Colimon, sexóloga y terapeuta, docente en Escuelas de Familia y profesora en la escuela universitaria de Trabajo Social en Algeciras, explica que no se trata de si decirlo todo o no. “En primer lugar, hay que decir lo que uno quiere decir, no más. El siguiente paso es, en lugar de preguntarse por qué no decir alguna cosa, cambiarlo por el para qué no decirlo. Con el por qué se dan muchas excusas, siempre se encuentran justificaciones para dejar de compartir vivencias. En cambio, intentar responder al para qué desvela el sentido real e íntimo de lo que se quiere compartir o no”. También es verdad que hay relaciones que se obsesionan en querer decirlo todo a la pareja, pero ¿realmente la pareja querría saberlo todo? “Hay personas que no paran de hablar y hablar, explicándolo todo con pelos y señales, pero tal vez la pareja tampoco quiera saber tanto”, comenta Esperanza Pérez. Ciara Molina explica que el querer saberlo todo o no, depende de cada persona. “Hay personas que saben gestionar muy bien sus emociones, no coartando la libertad de su pareja, y hay otras que sufren de una dependencia emocional que les determina su vida en función de lo que piensa o siente su compañero sentimental. Son estas últimas las que precisan más de querer saber todo porque el hecho de no saberlo les crea inseguridad, pero no es una relación emocionalmente sana ya que conlleva a continuos malestares y frustraciones”.

Julia Pretel, naturópata y asesora sexual, es partidaria de que en la pareja se explique todo. “Totalmente, sí. La base de toda pareja es la confianza, es la comunicación. Muchas parejas se rompen por la falta de confianza. No explicarlo todo es por una falta de sinceridad. Todos tenemos un pasado, pero es bueno poder explicarlo todo, aunque a los hombres les cuesta más aceptar que su mujer haya tenido otras relaciones”. En cambio, Esperanza Pérez asegura que tampoco es necesario “explicar las intimidades de tus anteriores parejas”. Julia Pretel asegura que las personas que han sido engañadas y han sufrido algún tipo de trauma, “son las que necesitan más que nunca la transparencia. Actualmente hay muchas mentiras, por eso en la unión con otra persona es tan importante la transparencia, la comunicación y la sinceridad. La confianza es la base de toda relación, y el miedo y la inseguridad es lo que hace que no se cuente todo”.

Juan Manzanera, psicólogo y director de la Escuela de Meditación de Madrid, fue monje budista durante doce años y aporta también su visión. Afirma que en una pareja “no tienes por qué contarlo todo. La unión con otra persona es posible desde la individualidad. El problema es que la individualidad es una conquista. Y esa conquista es necesaria para avanzar personalmente y espiritualmente. Para eso hay que crear un espacio interno. Es tu intimidad. Si sabes preservar esta intimidad podrás fusionarte realmente con el otro. Es muy importante que en una pareja, cada uno tenga su espacio particular e individual, porque cada uno tiene su propio proceso vital. Hay que aprender a respetar ese espacio. Uno de los mitos es que hay que contarlo todo, y no es verdad. Y eso no está reñido con comunicarse y compartir, ni con la sinceridad ni la honestidad. Que el otro te diga todo es una idea romántica que no funciona, no se corresponde con la realidad. La persona que necesita saber todo del otro porque dice que esto es el amor, generalmente tiene un problema de querer controlar, se siente insegura y no amada, y la fusión con el otro no es eso, no es quedarse diluido con el otro y el otro en ti. No se corresponde con la realidad”.

El misterio también tiene su papel. Leticia Brando, psicóloga y Single Coach en España y México de Parship GmbH, una agencia on line de búsqueda de pareja estable, presente en varios países de Europa y América, afirma que en una relación de pareja “hay que ser honesto, hay que ser auténtico, pero no significa que el otro sepa todo de ti. La feminidad es un misterio, y eso forma parte del atractivo de la mujer. Hay que saber mantener ese misterio para que el hombre vaya descubriendo siempre algo nuevo”. Por otra parte, hay diferencias entre hombres y mujeres, tal como señala Leticia Brando: “A los hombres les cuesta ser misteriosos”. Y, sin embargo, tienen dificultades en compartir su mundo emocional, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel asegura que los hombres son más cerrados, y Juan Manzanera afirma que en los hombres es más fácil que les dé miedo la fusión. “Enseguida se ahogan, necesitan más espacio. En cambio, las mujeres tienden más a la fusión. En cualquier caso, es importante no negar que cada uno tiene su propia intimidad y fluir entre la fusión y la individualidad”. Ciara Molina explica que, en el día a día, “habrá gente que explique más o menos cosas a la pareja, pero cuando sabemos gestionar nuestras emociones en tanto en cuanto nos afectan y afectan a la persona con la que estamos, muy pocos son los que verdaderamente lo cuentan todo. Aunque la comunicación es imprescindible cuando compartimos sentimentalmente la vida con alguien, el omitir ciertos momentos de esta no quiere decir que se esté engañando a esa persona, sino que es un compendio que necesitamos para protegernos emocionalmente a título individual”.

Se cuente o no se cuente, las mujeres se percatan enseguida de que los hombres les ocultan cosas, asegura Leticia Brando. “Además, con la edad, el poder intuitivo de una mujer se refina y descubren antes lo que ocultan los hombres. En cambio, las mujeres saben ocultar mejor”. ¿Esto es mejor o peor para la estabilidad de una pareja? Esperanza Pérez comenta que en toda relación de pareja hay cosas que no se dicen para que el otro no lo pase mal. Y relata el caso extremo de una paciente que durante un tiempo llevó una doble vida sin conocimiento del marido, pero que eso salvó el matrimonio. “Reconocía que si no fuera por su amante no hubiera mantenido su matrimonio. En cambio, así fue feliz. Curiosamente, el amante le daba estabilidad en la relación con su pareja, a la que, por otra parte, no quería perder y no perdió. El amante también le daba una morbosidad que con el marido no tenía. Estas situaciones son más habituales de lo que se cree”. ¿Dónde está el límite de lo que se cuenta y lo que no?, se pregunta Juan Manzanera. Y él mismo responde: “Saber reír juntos. Ahora mismo estamos en una época que predomina la independencia, sin demasiada fusión. Y preservar tanta autonomía también es negativo. Hay un exceso de individualidad”. También hay personas que sencillamente tienden a comentar pocas cosas de sí mismas, añade Esperanza Pérez. Julia Pretel habla de personas introvertidas, “hay que entender que no lo expliquen todo, pero poco a poco se van abriendo si en la relación se alimenta la confianza”.

En cualquier caso y, como afirma Janai Colimon, “hay que construir una nueva forma de relacionarnos”. ¿Qué forma? En teoría casi todo el mundo lo sabe. En la práctica queda mucho camino. En eso estamos. “Y nos cuesta tanto porque todavía quedan por descubrir muchas capas de uno mismo”, termina por decir Julia Pretel. Algo así como descubrir la cara oculta de la Luna.

Terapia de Pareja… ¿para qué? – Esperanza Psicólogos en Barcelona

“Somos una pareja que tiene conflictos. Ella es un taladro y nunca olvida el pasado. Él no me escucha ni está por mí. Llevamos así… mucho tiempo. Algunos amigos nos han sugerido ir al psicólogo, pero no lo tenemos claro. Seguimos hablando, estamos bien, y los choques vuelven a aparecer. Ella sufre y se siente desgraciada. Él no puede resistir más tiempo los reproches. Una amiga nos ha recomendado Esperanza Psicólogos, en Barcelona; ella hizo terapia individual y se sintió muy bien tratada, y dice que también hacen terapia de pareja.

Si vamos, ¿valdrá la pena el esfuerzo? ¿nos podrán ayudar? ¿o lo nuestro no tiene arreglo?”

Si los dos queréis estar bien, el esfuerzo valdrá la pena.

Si los dos os esforzáis, os podemos ayudar.

Todo lo que se desea “arreglar”, tiene “arreglo”.

Gracias a mostrar vuestros conflictos, dudas, sufrimientos, y alegrías, delante de un tercero imparcial y profesional, que os ayudará a ser conscientes de lo saludable y conflictivo en cada uno de vosotros, y en vuestra relación.

Lo primero a tener en cuenta antes de ir a terapia de pareja: no hacemos milagros, eso, si acaso, lo haréis vosotros con nuestra ayuda. Por nuestra parte, no pretendemos “obligaros” a seguir juntos cueste lo que cueste, sino que vamos a averiguar qué es lo que necesitáis, si seguir juntos pero con cambios importantes, o separaros de la mejor manera posible.

Y, al igual que sucede con los sueños, muchas veces nada es lo que parece, y pondré dos ejemplos:

Recuerdo una pareja cuya demanda fue que les ayudáramos a separarse; sin rabia, sin rencores, de buenos modos. Esperanza, sin desoír su demanda, indagó sobre qué les llevó hasta el momento presente, cuáles eran sus puntos irreconciliables… y cuáles aquellos que les habían unido. La sorpresa fue que, en el devenir de las sesiones, desarrollando una actitud conciliadora y de escucha para separarse bien, se dieron cuenta de cuáles eran sus propios fallos y defectos, los de cada uno, y que lo que les había unido ¡aún seguía vivo!. Esa actitud de escucha tranquila, nacida en las sesiones, les hizo darse cuenta no sólo de que se amaban, sino que estaban dispuestos, y eran capaces, de modificar su conducta y, sobre todo, su comunicación. Con lo que decidieron seguir juntos, potenciando los puntos fuertes, los que les unen, y modificando los conflictivos.

Asimismo, recuerdo a otra pareja, con un hijo en común, donde él hacía todo lo posible por seguir con ella, y modificar lo que hiciera falta, mientras ella no realizó el mismo esfuerzo. Yo detecté que el punto conflictivo no estaba en la relación, sino en ella, pero tampoco consintió en abordarlo, y decidió separarse. Eso sí, de buenas maneras. En este sentido, el resultado final no fue malo, pero yo me quedé con una sensación de frustración por trabajo incompleto. Pero donde no me dejó llegar, la vida lo hizo: pasó el tiempo (no mucho), y al ver que él llevaba una vida independiente y más o menos feliz, y ella no, empezó a plantearse lo que yo le dije, si “el problema” radicaba en ella. Al final, tras unos encuentros (él deseaba volver con ella, al mismo tiempo que le daba miedo), se confirmó mi planteamiento, ella abordó “sus” temas… volvieron a estar juntos, y tuvieron otro hijo. Felices hasta hoy.

Como veis, los psicólogos que practicamos tanto terapia individual como terapia de pareja, realizamos un “traje a medida”: qué es lo que se pide, y lo que no; qué se dice, y qué no; qué se ve, y qué no. En la pareja, no “removemos la mierda”, ni se viene a las sesiones a pelearse: averiguamos qué de bueno hay en cada uno y en la relación, cómo se puede fortalecer, y si se está dispuesto a ello. Y de “la mierda” pasada hacer un buen abono presente.

Juan Carlos Albaladejo

Psicólogo Clínico

Analista Junguiano

ESPERANZA Psicólogos en Barcelona

Terapia de pareja: no te siento a mi lado

Cogí el metro. A cierta distancia, percibí detrás de mí a una mujer musulmana, que sólo mostraba su rostro. No le di más importancia, validé la tarjeta, y crucé la barrera. Pero mis ojos, que van más rápidos que mis pensamientos y tienen vida propia, decidieron de nuevo fijarse en otra persona: también a cierta distancia, esta vez delante de mí, vi un hombre árabe, quizás marroquí caminando hacia el andén.

 Hasta aquí todo normal, anodino. No me planteé nada; soy psicólogo, analista Junguiano, estoy acostumbrado diariamente a trabajar con el inconsciente, pero no soy “más papista que el papa”, y procuro “dejarme vivir”; eso sí, precisamente debido a mi trabajo, me permito que mis sentidos fluyan; si hay de haber algo más, ya llegará.

Y llegó. Súbitamente, como un rayo, me asaltó una pregunta: “¿será su esposo?”  “No puede ser, camina rápido, no unos pasos por delante, sino muy alejado de ella.” Con lo que aparté la pregunta-rayo mientras esperaba el metro, que ya llegaba. Pero mi inconsciente seguía fluyendo, e hizo que mirara de nuevo hacia el hombre, el cual, entonces, giró su cabeza hacia atrás, localizando a la señora tapada de azul. Se abrieron las puertas del metro, entramos, me senté, él localizó un asiento casi enfrente de mí, y volvió a girar su cabeza hacia la entrada del vagón por la que, parsimoniosamente, entraba la mujer y se colocaba, sin sentarse, a un asiento de distancia del hombre, cerca de la barra. Más tarde él le comentó algo a ella.

Sí, eran pareja. Esta conducta choca muchísimo en nuestra cultura, y muchas personas la censuran pues resulta inaceptable; nosotros no lo hacemos… ¿o sí? Veamos: las parejas no sólo caminamos juntos, si no cogidos: de la mano, del brazo, de la cintura… a veces con la mano dentro del bolsillo trasero del pantalón de nuestra pareja (sutil forma de ir tocándole el culo a nuestro amor –suelen hacerlo los más jóvenes-)

Como veis, tenemos mucha proximidad… física. ¿Y anímica? ¿Y de corazón? ¡Ah!, eso es harina de otro costal… en nuestra cultura podemos estar físicamente bien juntos, pero interiormente muy alejados… podemos estar juntitos en el sofá compartiendo un programa de televisión, una película, pero cada uno en un mundo diferente. Pasear cogidos por la calle, pero la sensación es la misma que pasar a solas.

 “Tengo marido e hijos, pero me siento muy sola” es una de las quejas típicas que recibimos en nuestra consulta. Nuestra primera recomendación es abordar la situación con nuestra pareja, pero sin reproches (que es lo más difícil); de forma tranquila (no fría) exponer cómo nos sentimos, hay que hacerlo con cuidado para que el otro no se sienta atacado, pues entonces lo único que hará será defenderse, no nos escuchará. Si queremos desahogarnos, lo hacemos con los amigos, o con el psicólogo (que, además de recibir la carga, nos ayudará emocionalmente a abordar la situación); si queremos que el otro nos entienda, hay que estar sereno y sin transmitir culpa ni reproche. Dos adultos que se comunican.

Cuando esto se expone en terapia de pareja, evidentemente es más sencillo y directo: la persona que se siente sola tiene el valor de decirlo y explicarse. El terapeuta ayudará a suavizar la tensión que puede sentir su pareja, y aportará matices que mejorarán la comunicación entre ambos, permitiendo que luego el otro exponga su sensación…  a lo mejor resulta que también  se siente solo, y nunca se había atrevido a decirlo (o, si es el hombre, ni era consciente de ello hasta este momento)

Juan Carlos Albaladejo

Psicólogo Clínico

Analista Junguiano

Terapeuta de Sandplay

ESPERANZA Psicólogos en Barcelona

Cher en pie

Año Nuevo: si 2012 te destrozó, en 2013 renacerás

La frase “quizás no fue el mejor año, pero existieron personas, momentos y días inolvidables” llegó a mucha gente, y nos gusta porque contribuye a suavizar los malestares vividos  al centrarse en lo positivo. Y sí, está en nuestra línea de acción, y por eso la compartimos en Facebook.

Pero hay personas que han sufrido mucho, y a ellas me gustaría dirigirme especialmente. La frase anterior se queda corta. Y les comprendo perfectamente. En este año no sólo ha habido fallecimientos, problemas graves de salud, pérdida de empleo, ruptura de pareja a consecuencia de la crisis… como sucedió en años anteriores.

Además, hay personas que han perdido su hogar, que se han visto humilladas por los que consideraban sus seres queridos, se han sentido destrozadas hasta llegar al límite de su amor por la vida… menos mal que algunos han recibido apoyo de quien menos esperaban.

¡Decid NO a la humillación! ¡NO a sentiros impotentes! ¡NO al miedo a no salir adelante!

¡TÚ VALES MUCHO! Sí, mucho.

 ¿Sabes que los norteamericanos, a la hora de buscar gente competente para un nuevo proyecto, valoran mucho a quienes “fracasaron”? Sí, en lugar de vivir el fracaso “a la española”, marginando a quien no tuvo éxito, o bien despreciándolo, consideran que el “fracaso” es el mejor maestro para un nuevo éxito, por eso antes recurren a quien se arriesgó y perdió que al que siempre saltó con red.

Esto no me lo invento para levantar la moral, es pura realidad. Dos maneras muy diferentes de gestionar las pérdidas. ¿Qué tal si tú, aquí, te aplicas esto último? Deja de consentir que te chafen tu autoestima, escucha sólo a quien bien te quiere, que no es el que te censura, sino el que te apoya; recuerda que puede más una palabra de aliento, que cien reproches. ¡Aplícate el cuento, deja de reprocharte cosas!, ¡álzate de nuevo!

Y perdona. Perdónate a ti, si es que tienes de qué perdonarte. Y perdona a quienes te hicieron daño; no es nada fácil, pero puedes hacerlo. Eso sí, las relaciones serán totalmente diferentes. ¡Y les demostrarás de qué estás hecho!

Si tú solo (o sola) no te ves capaz, aquí estamos, en Esperanza Psicólogos, en Barcelona. Nuestro slogan: la fuerza que necesitas para seguir adelante. Nos esforzamos mucho en ello, tanto en nuestra psicoterapia individual como en terapia de pareja.

Para estimularte un poquito, aquí va este vídeo, que ahora tiene una especial relevancia: la escena de la película Burlesque, donde Cher canta You Haven’t Seen The last of me, subtitulado en castellano. No te dejará igual. Sube el volumen. Visualízalo siempre que lo necesites

 

Juan Carlos Albaladejo

ESPERANZA Psicólogos en Barcelona

 

Santos Inocentes: los Niños

Hoy, 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes. Algunos gastan bromas por tradición, y todos nos olvidamos que los protagonistas del día son los niños. Acaba de sucederme algo que me ha impactado. Para algunos será algo trivial, algo “cotidiano”, “normal”. Yo soy psicólogo clínico, analista junguiano, ejerzo en Barcelona (gran urbe, no zona rural tranquila), y no tengo ninguna vergüenza en reconocer que me ha impactado. Quizás porque, además, soy persona humana, a lo que nunca renunciaré (mal terapeuta sería, entonces).

Entraba en una tienda de juguetes y vi cómo el dueño, en la puerta de entrada, le decía a un niño pequeño, de unos 7 años, que iba a llamar a la policía. “¡No, por favor!” “¡Sí!”, exclamó el hombre; inmediatamente, una niña pequeña, de cabellos rubios maltrechos, nunca peinados, rompió a llorar. “¡Por favor!”, repitió el niño a la vez que se zafó del hombre, echó a correr, y con él la niñita.

Se trataba de una familia de etnia… no importa, una familia, que había entrado a robar utilizando a sus hijos. Al ser descubiertos habían huído, dejando atrás a los dos más pequeñitos. El hombre de la tienda tampoco hizo nada para retener a los dos pequeños, “tampoco es plan”, me dijo. Sí llamó a la policía “estate seguro de que ya tienen noticias de ellos”.

La cuestión, y el tendero también lo sabe, por eso no represalió a los pequeños, no es que un niño necesitado robe un juguete, sino que una familia eduque a sus hijos en la delincuencia desde la más tierna infancia, los utilice y los maltrate… luego caí en que el niño, al que sólo vi escasos segundos, tenía su ojo izquierdo hinchado; le habrían golpeado días atrás. ¿El “no, por favor” era miedo a la policía, o a lo que luego le iban a hacer en casa?

Hemos de denunciar estos casos, tenemos unas instituciones que sí se pueden ocupar de estos niños (incluso las instituciones que funcionan necesitan ayuda). Ojalá que estas líneas sirvan para reconectarnos con nuestra humanidad (no confundir con sensiblería), ir con más consideración en el trato con los niños (hijos, sobrinos, vecinos, alumnos…). Poner límites es imprescindible, pero para ello no hace falta ser un bruto. Va también por los colegas terapeutas infantiles. Muchos niños lloran por dentro, y si no somos avispados no lo vemos.

Juan Carlos Albaladejo

Esperanza Psicólogos en Barcelona

Terapia de pareja: tener razón

Es muy típico que los dos miembros de la pareja expongan su forma de pensar, la mayoría de veces esperando que sea el otro …

Flecha Camino Santiago

Camino de Santiago y Terapia Junguiana

El Camino de Santiago es un viaje exterior cuyo propósito es un viaje hacia Uno Mismo (viaje iniciático). Pero no sirve …

Entrevista a Juan Carlos Albaladejo en televisión ETV

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