Actitudes saludables para el fin del mundo maya del 21/12/2012

Os hablaré como psicólogo, analista Junguiano, y persona humana. Hasta la NASA ha demostrado que nuestro planeta no estallará, ni iremos a la destrucción por fenómenos naturales ni cosmogónicos, el 21/12/12  (ver artículo de La Vanguardia del domingo 16/12/12, “El mundo seguirá tras el 21 de diciembre del 2012”, en donde aparezco brevemente), con lo que ¿qué sucede con el pretendido fin del mundo maya? Como siempre, sea por ansiedad, miedo, o radicalidad, se tiende a realizar interpretaciones textuales de metáforas simbólicas, y normalmente no son ni buenas, ni agradables, ni optimistas; mucho peor cuando coincide con los miedos arquetípicos de fin de milenio.

Se acabó el calendario maya. Fin del tiempo escrito. ¿Fin del mundo? Sí, fin del mundo conocido, y nacimiento de un mundo nuevo. Los mayas actuales están enfadados por el uso catastrofista, con fines comerciales por parte del gobierno del país, de sus mitos y sus símbolos. Ellos te dicen que se refieren a un nuevo cambio de actitud en la humanidad. O sea que, como yo decía, sería pasar de una forma de vivir a otra, pretendidamente mejor, más saludable. ¿Es posible? Bien, si miramos los acontecimientos de los últimos años… es lo que todos esperamos. Si realmente vamos a pasar a una nueva consciencia, un nuevo modo de encarar la vida, llevamos cuatro años de crisis y por lo menos tres de sufrimiento, con lo cual ya toca realizar un cambio interno (por ejemplo, me sorprendió muchísimo la concentración de los indignados en plena calle: organización espontánea y mucho civismo y respeto… y esto no es ni Japón, ni Suiza…).

Y si es lo que todos esperamos, ¿por qué, en lugar de esperar, no hacemos algo? Aprovechemos el momento, la “revolución arquetipal”, en nuestro favor; si bien por un lado oímos las voces catastrofistas de una hipotética hecatombe, estamos muy hartos de la propaganda negativista y derrotista de los medios de comunicación… por tanto, ¡cambiemos el sentir! Deseemos soltar los lastres del pasado, las limitaciones habituales, los miedos a la miseria, al fracaso, a las pérdidas, y focalicémonos en sentirnos mejor, en creer seriamente que con nuestro esfuerzo las cosas nos irán mejor.

Otro ejemplo simbólico: El Señor de los Anillos, final 2ª película: la fortaleza de Roham está asediada por el ejército de Orcos y Urug-Hai, quienes los superan amplísimamente en número. No hay nada que hacer. La aniquilación es inminente. El rey acepta la derrota y va a ordenar que abran las puertas, que les maten ya y acabar de una vez. Pero Aragorn y los suyos consiguen convencerle de que, puestos a morir… que mueran luchando, sin rendirse. ¡No se lo pondremos fácil!. El rey recupera la fuerza, no abre las puertas, y siguen luchando. Es entonces cuando amanece, y en ese instante aparece Gandalf… con todo un ejército tras él, poniendo en fuga a las huestes oscuras.

Si dejamos que el miedo, la tristeza, el sentimiento de fracaso, se acomoden en nosotros, dejaremos de luchar. No vemos futuro, sólo vemos dolor, no vemos la salida… pero si seguimos, es cuando llega la ayuda. La clave, como en la película, es desconectar de la desesperanza.

Juan Carlos Albaladejo

Esperanza Psicólogos en Barcelona

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